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Franquiciador de éxito parte V: cultura empresarial y valor de marca

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Franquiciador de éxito parte V: cultura empresarial y valor de marca

El valor de marca afecta a todos los elementos de la franquicia, ya sea directa o indirectamente. Y para aumentarlo, crear y mantener una cultura empresarial saludable debe figurar entre las principales prioridades de cualquier franquiciador.

Una red de franquicias está impulsada por un crecimiento constante, a menudo a un fuerte ritmo. Por este motivo, es muy necesario que la central entienda su importancia como motor dentro de la organización. Todos los franquiciadores, deben preparar a sus franquiciados para que prosperen dentro del modelo de negocio, y para ello pueden empezar midiendo la salud de la franquicia conociendo las motivaciones de tus asociados de cara a comenzar a trabajar el valor de marca. Todos los objetivos que se señalen no deben ser perseguidos por la obligación, sino por una visión compartida de la que todos participan.

Pero… ¿cómo puede una red de franquicias inmersa en un proceso de fuerte crecimiento mantener la cultura empresarial y el valor de marca en esa vorágine cambiante que combina no sólo nuevos mercados sino un entorno en constante evolución?

Desde T4 Franquicias te proponemos tres formas de construir y preservar la cultura de la empresa y todas sus experiencias en una organización de franquicia.

Cultura empresarial

Expectativas cristalinas y bien comunicadas

Las excelentes relaciones con sus clientes permiten que las franquicias prosperen, puesto que este hecho demuestra, por encima de otras consideraciones, el valor final y el atractivo de una marca.

Si la cadena de franquicias es capaz de comunicar correctamente sus expectativas y hacer un seguimiento correcto del desempeño entre tus franquiciados y empleados, recompensándolos en el camino, el equipo asumirá la propiedad individual de los objetivos de toda la empresa y los cumplirá, siendo conscientes de la importancia de su trabajo de cara a los mismos.

Todo este proceso comienza con la identificación de expectativas claras y realistas. La base de cualquier valor de marca y cultura empresarial sana son, precisamente, las expectativas cristalinas. Si un equipo no conoce los estándares de rendimiento, la visión se tambalea. La empresa se convierte en una estructura frágil, con una base inconsistente y desalineada.

Asimismo, como franquiciador, se ha de crear una cultura de empresa atemporal que permita comunicar la visión desde el principio, compartir las inquietudes, y encontrar la manera de inspirar restos y logros similares en toda la cadena de franquicias. Sin embargo, es importante recordar que la autonomía es francamente difícil de manejar sin métodos de control. Cuando las expectativas son claras y las medidas de rendimiento son correctas, este entorno facilita a los franquiciados controlar su desempeño y, por lo tanto, ahorrar tiempo y energía.

También, se debe premiar a los empleados y franquiciados con incentivos y recompensas. Si los asociados superan las expectativas marcadas por la central, se les debe recompensar con oportunidades de crecimiento y progresión dentro de la red. El objetivo final es tener una cultura de la empresa y valor de marca que permita a los franquiciados pensar: “Esta franquicia es excelente y me encantaría mejorarla”.

Franquiciados adecuados y comprometidos

La expansión de una franquicia no tiene por qué afectar a la cultura empresarial, si que es verdad que la puede poner en peligro si no se maneja adecuadamente, de hecho, para una cadena de franquicias, el crecimiento puede representar una amenaza para la marca si el liderazgo corporativo no toma medidas para preservar los valores y la visión en los diferentes mercados. Un equipo corporativo puede ser demasiado grande para controlar la gestión de cada franquicia, pero al alinearse con los franquiciados correctos y respaldarlos, inculca la visión dentro de ellos y crea coherencia en todos los entornos. Para conseguir esto, hay que ser selectivo en el proceso de concesión de franquicias y elegir personas que no sólo tengan recursos, sino que también compartan una visión y valores comunes. Esto preservará la cultura a medida que los mercados se transforman y la marca se va propagando.

También hay que cultivar el valor de marca y mantener a los franquiciados al tanto de los objetivos de la empresa a través de reuniones personales, así como eventos o actos anuales de la compañía. Estos actos son una gran oportunidad para que un colectivo de personas, con una pasión compartida, se unan en torno a un objetivo común y se inspiren mutuamente. Este, también, es un buen momento para que los franquiciados puedan trasladar sus comentarios y opiniones a la central franquiciadora.

Compartir el éxito

Todas las partes integrantes de la relación de franquicia deben comprometerse con el éxito. Cuando surjan problemas, una visión compartida y una cultura común determinarán qué tan comprometido es el equipo y ayudarán a resolver situaciones complicadas.

Todo se remonta a tener un objetivo compartido: si cada parte se compromete con el éxito, se responsabiliza de sí misma y utiliza las herramientas a su disposición, el fracaso es una situación para superar de manera conjunta.

Si un franquiciado tiene un bajo rendimiento, en la mayoría de las ocasiones la responsabilidad se comparte entre la central y el propio asociado. Cuando ambas partes se comprometen con el éxito en tiempos de dificultades, la cultura empresarial se inspira a través de ese apoyo. El efecto va más allá de la relación de franquiciador-franquiciado y se hace evidente en la mejora del nivel de equipo individual.

En conclusión, la mayor amenaza para la cultura y valor de una franquicia es la inconsistencia. Una red de franquicias nunca prosperará con una gestión, objetivos y seguimiento del desempeño inconsistentes. Hay que conocer a los equipos, invertir en ellos y comprometerse con su éxito. El resultado final solo puede llevar a las franquicias a la rentabilidad y al éxito. Por lo tanto, las franquicias de éxito crecen a través de una visión compartida, así como a través de metas y recompensas claramente comunicadas.